Por admin | Fecha: Ago 14th, 2008 | Archivado en
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Francia, Dinamarca, Suiza y Bélgica conocen el aroma de su producto
(ANDINA).- En Chanchamayo, el café no sólo tiene aroma de mujer, sino también de esfuerzo, decisión y sacrificio. En pocas palabras, lleva el aroma de Marleny Jorge Ingaruca, una microempresaria que pasó de recolectar café con sus manos a ser gerente general de su propia empresa. Ahora exporta café a distintos países.
Dejó su Tarma natal –donde estudió hasta segundo de media– para trabajar la tierra junto a su esposo José, en Chanchamayo (Junín).
Justo en ese paraje comenzó esta historia, donde la decisión de esta mujer, pese a su extrema timidez, fue más fuerte que su temor al fracaso. Ese temple hizo posible que creara su empresa Chanchamayo Highland Coffee.
Su relación con el café comenzó en 1997, trabajando con José en las chacras. Al igual que los campesinos de la zona, recolectaba café, lo secaba y lo entregaba a los depósitos. Muchas veces aceptó sumas de dinero que no cubrían sus costos ni su esfuerzo.
Así, cuando no era tiempo de cosecha se ponía a las órdenes de otros agricultores. Su figura menuda y frágil no era impedimento para sembrar, machetear y limpiar. En 1999, la idea de obtener una mayor ganancia la impulsó a vender café tostado y mandar muestras al exterior. “Como nuestro producto era atractivo por su sabor y aroma, llegó un cliente de Francia y nos hizo un pedido por cuatro mil kilos”, dijo.
Debido a que era un gran pedido, empezó a comprar a crédito el café de los demás agricultores.
Cuando fue completada la cantidad solicitada, se negaron a aceptarla. Entonces, los productores empezaron a cobrarles.
Ante la pregunta de ¿por qué no se dio por vencida? Responde: “El cumplir con el compromiso adquirido con los agricultores nos daba la fuerza para seguir adelante. No podíamos fallarles.”
Poniendo los granos de garantía, sacó un préstamo para dar un adelanto a los productores y con el apoyo del municipio de Chanchamayo llegó junto con José hasta el parque Kennedy de Miraflores, para vender su café en un stand.
Cuenta que fueron momentos duros. Los primeros seis meses únicamente sacaban para cancelar las deudas contraídas y muy poco para subsistir.
La mala jugada del destino se volvió a favor de Marleny, recompensando su esfuerzo. En medio de los problemas encontró un cliente, otro francés con el que hasta ahora trabaja y que lleva los productos para distribuirlos en tiendas, cafeterías y supermercados franceses; así como en Dinamarca, Suiza y Bélgica.
Empezó pidiendo 500 kilos y al año siguiente, regresó por 2 mil más. En 2002, le vendió licores y mermeladas, y dos años después néctares.
Actualmente, envía un contenedor con 36 toneladas de productos para Suiza y tiene otros pedidos por cumplir.
“Paradójicamente, tendría que agradecerle al cliente que me dejó plantada con la cosecha, porque ahora vendo más de 20 productos al extranjero”, dice.
Ahora, con la satisfacción de todo lo conseguido, se proyecta a exportar fruta confitada a Estados Unidos.