Crisis del agua en la selva ¿estamos preparados para un mundo cambiante?

“Nunca hemos visto cosa igual”, es el comentario de muchos amazónicos en relación con la extrema sequía y la no menos extrema vaciante que han asolado a Loreto y otras regiones amazónicas en estas últimas semanas. Por segunda vez en dos meses, el Amazonas volvió a batir un nuevo récord, el nivel más bajo de la historia reciente, y por segunda vez han vuelto a escasear y subir de precio productos de la costa como el gas, el cemento y algunos alimentos. Estas dos últimas semanas también han visto duplicarse en los mercados de Iquitos los precios de algunos productos regionales: se ha llegado a vender a dos soles la toronja -y bastante seca- y hasta 35 soles el racimo de plátano.

En varias localidades amazónicas se han batido récords históricos de temperaturas máximas. Sin embargo, hace unos meses se había batido el récord de temperaturas más bajas, especialmente en el sur de Perú y Bolivia, y hace un año en varias localidades de Brasil se había registrado la mayor creciente de que se tenía memoria. Las predicciones más pesimistas de los científicos, que algunos calificaron de alarmistas, se están quedando cortas: el clima se está volviendo loco.

Mis amigos chacareros me cuentan que los plátanos no engordan, las yucas se vuelven ‘caullosas’, y algunas plantas están muriendo de sed. “La lluvia que ha caído apenas ha aliviado un poco la sequedad, pero las quebradas siguen secas, el suelo se ha vuelto piedra, y el Amazonas sigue bajo, no sé que va a pasar los próximos meses. Mis aguajes, mis humaríes y otros árboles se están muriendo, las toronjas están secas, temo que se me mueran las vaquitas”, me dice sumamente preocupado Fernando Fonseca, el conocido poeta-agricultor; varios de sus vecinos de Sinchicuy y Barrio Florido han visto morir a los peces de sus piscigranjas por el excesivo calor y la falta de agua.

Pescado, cada vez más pequeño y escaso

La sequía ha afectado aún más al pescado, ya bastante escaso por la sobre pesca y el abuso de métodos destructivos de pesca; pese a la gran creciente del año pasado, que por unas semanas nos regaló una abundancia pasajera de sábalos y algunas otras especies, este verano se acentuó aún más la escasez, para dolor de madres de familia; y eso pese a que con la extrema vaciante los pescadores están ‘sacándole el ancho al peje’, arrebañando cochas y pozas, por lo que según mis amigos pescadores el próximo año se avizora aún peor. Muchos ríos de Loreto han estado tan secos que se podían cruzar a pie, y hay decenas de comunidades aisladas en cabeceras de ríos menores.

“El pescado se está acabando, ahora lo que queda es peje menudo, ractacara, yulilla, sardina, cuando eso también se acabe, nos acabaremos nosotros”, me dice don Gastón Curaco, curtido pescador de Belén, mirando pensativo el Itaya, convertido en estos días en una quebrada. Me habla de lo escaso que está el pescado, a pesar de ser vaciante, al tiempo que recuerda las épocas gloriosas de pesca con pescadores tan conocidos como Santiago Alves y Pablo Rengifo. “En aquellos tiempos llenábamos una bodega de 15 toneladas en tres o cuatro días, ahora para juntar tres o cuatro toneladas de pescado menudo te la tienes que rebuscar por dos semanas”, me dice.

¿Volverá a escasear el aguaje?

Es bastante probable que el próximo año la producción de frutos silvestres en la selva sea mucho menor, debido al estrés hídrico sufrido por las plantas en estos meses, al igual que ocurrió en el 2006 luego de la sequía del 2005: como se recordará, casi no hubo aguaje durante ese año, y el humarí, el camu camu, el pijuayo y otras plantas produjeron muy poco y fuera de época. Es previsible el impacto negativo en las poblaciones de animales, terrestres y acuáticos, que se alimentan principalmente de frutos. La población indígena y ribereña, que ya sufre altas tasas de desnutrición crónica por escasez de proteína animal, será la más afectada.

En la ciudad las cosas también han estado del color de hormiga. Agobiados por el calor y la escasez de agua y algunos productos, muchos hablan de la crisis climática, de la sequía y de la vaciante, pero pocos proponen alternativas viables y razonables para tratar siquiera de mitigar sus deletéreos efectos. La excepción han sido dos columnistas de la región, Juan Roldán Ríos Córdoba y Héctor Barriga, que han escrito sendos artículos sobre el impacto de la crisis climática en la ciudad, la necesidad de promover la siembra de árboles, y la construcción de más parques y áreas verdes, y de cuidar los bosques.

Prioridad máxima, proteger nuestros bosques

Efectivamente, hoy más que nunca debemos cuidar a esas fábricas de humedad y lluvia, de oxígeno y frescor que son los árboles. Es absolutamente desquiciado que Iquitos, en medio de la selva amazónica y con un clima húmedo tropical, tenga menos árboles que muchas ciudades desérticas de otras partes del mundo, y 30 veces menos de áreas verdes por habitante de lo que establece la Organización Mundial de la Salud; es desquiciado que la Municipalidad, en vez de promover la siembra de árboles y la construcción de parques, se haya dedicado a talar los pocos que daban sombra en algunas calles con la excusa del “ornato”, y esté impulsando la construcción de viviendas en el campamento militar Vargas Guerra y otras áreas militares, que como dicen los citados columnistas y ha propuesto el Patronato de Iquitos, deben ser destinados a parques. Debe replantearse urgentemente el ordenamiento de esta ciudad, regular el número de vehículos y controlar las emisiones de gases y ruidos que ponen más estrés a una ciudad ya de por sí estresante.

Hoy más que nunca debemos mantener nuestros bosques sanos, cuidarlos como si de ello dependiese nuestra vida (como de hecho depende), promover el manejo forestal sostenible y otras formas amigables de uso del bosque en pie, y desechar por inviables y peligrosos todos esos proyectos agropecuarios y aventuras desarrollistas, demostradamente ruinosos, inadecuados para nuestra realidad, y sumamente peligrosos en el escenario actual de crisis climática. Sabemos que la deforestación, especialmente en las cabeceras de los ríos, está acentuando los efectos del cambio climático y la sequía.

Loreto pionero

Loable la carta abierta publicada recientemente por varias instituciones y organizaciones regionales de Loreto (GOREL, Cámara de Comercio, Organizaciones Indígenas, universidades) dando la voz de alarma sobre la crisis que vive la Amazonía, y llamando a la otras regiones a concertar estrategias para enfrentar las amenazas del cambio climático. Loreto ya promulgó a fines del 2009 una pionera ordenanza que protege todas las cabeceras de cuenca en la región, mientras que una anterior protege los bosques de la cuenca del Nanay, fuente de agua de Iquitos. Estamos avanzando en la dirección correcta.

Hoy más que nunca debemos cuidar nuestro pescado, quizás el recurso más estratégico en la Amazonía junto con el agua, y extirpar de una vez por todas los tóxicos y explosivos, las redes menuderas, la venta de pescado con huevos, la destrucción de sus áreas de desove y engorde en las tahuampas de los ríos, y acabar con la contaminación de las aguas…

Hoy más que nunca debemos cuidar con esmero el agua, ese bien que creíamos inagotable (aquí, al lado del río más caudaloso del Mundo) pero que ya hemos visto que no lo es. Hoy más que nunca debemos analizar con sumo cuidado cualquier proyecto que ponga en riesgo la calidad y cantidad del agua, y el equilibrio y salud de los ecosistemas en general, de cuya salid depende la economía y el bienestar de la mayor parte de la población loretana. Esto incluye el megaproyecto de trasvase de las aguas del Marañón a la Costa, y las hidroeléctricas conexas, los proyectos de cambio de uso del bosque para la siembra de agrocombustibles, las carreteras de penetración y colonización en áreas vírgenes, y otros similares

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