La sequía arrasa la selva alta: ¿estamos preparados?

“Ríos que alimentan de agua a Tarapoto se encuentran al borde del colapso”, “Se secan afluentes de la laguna de Sauce”, “El Saucal, un pueblo que fue abandonado por la sed”, son algunos de los alarmantes titulares de diarios de San Martín unos días atrás. Entre una y dos horas es el servicio actual de agua en esta ciudad, y situaciones similares atraviesan otras ciudades, también en la vecina Región Amazonas. Ríos como el Cumbaza y el Shilcayo lucen virtualmente secos, y el otrora caudaloso Huallaga se podía cruzar a pie en varios lugares -por ej., cerca de Picota- mientras pastos y cultivos amarillean por doquier. Desde fines del 2009 la sequía está causando estragos en la Región San Martín, y miles de hectáreas de cultivos se han perdido (por ejemplo, el 100% de los cultivos de maíz en la provincia de El Dorado).

El Saucal (Provincia de Lamas) no es el único caso de refugiados ambientales; al menos otra comunidad completa en la Provincia de Moyobamba se mudó de lugar por falta de agua, y muchos ganaderos están estudiando hacer lo propio en el Huallaga central, donde la sequía es más crítica, si cabe, porque allí las lluvias son mucho más estacionales.

La semana pasada participé en Tarapoto en un evento sobre turismo sostenible, invitado por el Gobierno Regional de San Martín. El protagonista de las presentaciones y los debates fue, sin embargo, el bosque: el Ing. Jorge Rodríguez Quiróz, ex ministro de turismo de Costa Rica, e invitado también al evento, dedicó toda su presentación a hablar de la deforestación en San Martín, como la peor amenaza para el desarrollo. La deforestación no sólo está amenazando las fuentes de agua de San Martín, y por tanto la agricultura, la ganadería y la acuicultura, que son sus principales actividades económicas. También está amenazando el turismo. Las conocidas cataratas de Ahuashiyacu, en Cordillera Escalera, cerca de Tarapoto, y las del Gera, en las cercanías de Moyobamba, lucen casi secas en estos días. Y eso a pesar que en torno a ambas fueron creadas sendas áreas de conservación, para proteger los bosques. Pero parece que la las iniciativas de conservación han llegado ya un poco tarde, a decir de mucha gente.

Pepe Chirinos es el mayor productor de camarón de Malasia en San Martín, y está experimentando muy exitosamente con cultivos mixtos con tilapia. Me habla de los problemas que tiene con el agua para abastecer sus piscigranjas. “De nada sirve que yo cuide con esmero mis camarones: si los fundos de más arriba en el valle usan agroquímicos para controlar sus plagas o hierbas, o para fertilizar sus cultivos, estoy fregado. Y en época de sequía como ésta hay conflictos por el uso del agua. Por eso la importancia de la Zonificación Ecológica y Económica, y del enfoque ecosistémico.”

En consecuencia, para garantizar su inversión, Pepe Chirinos ha decidido trasladarse con todos sus estanques e instalaciones hacia una zona menos impactada, en el Pongo de Chazuta, donde ha comprado todos los fundos del valle que abastece de agua la quebrada: “Voy a reforestar y recuperar el bosque completamente, me interesan un pepino los miserables cultivos de cacao o café que tienen algunos. Un pata se había tumbado 60 hectáreas de bosque, ¡SESENTA HECTÁREAS PARA UNA DOCENA DE VACAS FLACAS! -recalca mirándome incrédulo-. Cuando le compré el terreno me dijo qué pensaba a hacer con las vacas. Le dije: ‘Llévatelas, huevón, no quiero verlas, te las regalo, para esa porquería has tumbado un bosque que vale más que quinientas vacas.’ Comprar todos los fundos del valle es la única forma que tengo de garantizar que voy a tener un buen caudal de agua y que no me va a venir un imbécil a contaminar el agua para los estanques con cualquier agroquímico o a dejarme sin agua”.

Me informan que cada día llegan a San Martín un promedio de 100 emigrantes listos para talar los bosques y hacer un lugar para sus vacas o sus cultivos de palmito o palma aceitera. La mayoría siguen siendo de Cajamarca, pero hay un creciente número de emigrantes de la empobrecida Sierra de Piura. Algunos siguen invadiendo valles remotos de San Martín, talando bosques en zonas de altas pendientes y en cabeceras, otros van hacia Yurimaguas, siguiendo la carretera asfaltada para ocupar las amplias extensiones de bosques de libre disponibilidad del Estado que existen en la provincia de alto Amazonas, en Loreto, donde se está extendiendo la deforestación y los monocultivos de forma desordenada y harto preocupante.

En Moyobamba la población también está alarmada: la creciente escasez de agua en la ciudad se verá agravada aún más, porque los bosques de las áreas de conservación ambiental Mishquiyacu – Rumiyacu y Almendra, donde están las cada vez más escasas fuentes de agua de la ciudad, estuvieron ardiendo una semana. La deforestación indiscriminada tiene también otras consecuencias: la habitualmente fresca ciudad de Moyobamba las temperaturas alcanzaron los 37 °C, mientras que Picota ha sufrido en días pasados un récord histórico de temperatura, 39.5 Cº. Una amiga me informa que en Puerto Maldonado se han alcanzado los 47 °C, temperatura jamás registrada en la Amazonía peruana, cuando a fines de julio las temperaturas llegaron a 9 grados…

Me escribe Karina Pinasco desde Moyobamba: “…el Gera seco, es un chiste ver el puente caído y preguntarte pero qué río furioso ha hecho semejante cosa si no tiene agua, parece que la furia se llevó no solo el puente sino también el agua…” Sin embargo, Karina me informa también algo revelador: la cuenca del río Huayabamba, en cuya cuenca alta se localiza la concesión de conservación Alto Huayabamba, promovida por Karina y la organización ‘Amazónicos por la Amazonía’, sí conserva un respetable caudal a pesar de la sequía. Una buena pista para atisbar por dónde debemos trabajar si queremos sobrevivir al cambio climático.

La Dirección Regional del SENAMHI-Loreto ha informado que en los próximos días volverá a bajar el caudal de los ríos de la selva, especialmente el río Amazonas. Incluso se espera que este descenso alcance un valor inferior al valor mínimo histórico registrado en septiembre (105.76 m.s.n.m.). Debemos estar preparados. Las predicciones de los científicos sobre los efectos del cambio climático se están quedando cortas.

Nos esperan tiempos difíciles, y hay que tomar medidas de emergencia, impulsando decididamente la conservación de los bosques, quizás la única estrategia en la que todos coinciden que puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático. Deben ser descartadas, por suicidas, aventuras desarrollistas como la construcción de nuevas carreteras de penetración en la selva y la promoción indiscriminada de monocultivos sin base técnica ni consideraciones ambientales. En su lugar, se debe promover un desarrollo acorde con la realidad ecológica y social de la Amazonía, aprovechando sus potencialidades sin alterar gravemente los ecosistemas, como por ejemplo, aprovechar los recursos del bosque en pie -maderable y no maderable- y darles valor agregado. Otras líneas promisorias incluyen la acuicultura, el manejo de pesquerías y de fauna silvestre, el ecoturismo y la venta de servicios ambientales.

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